Anna Papchenko

Hispanista y periodista free lance

Ha pasado más de un mes desde mi encuentro con Anna y aún su imagen permanece nítidamente grabada en mi retina. Una Campanilla difícil de doblegar. Mi propia rebeldía sonríe al reconocer a otro espíritu batallador, que no da nada por sentado, que cuestiona, incisiva, devolviéndome preguntas a mis preguntas desde el fondo de la pista con una velocidad y precisión difícil de seguir. Mi sorpresa torna en divertimento y acepto el juego. Me cuenta que su vínculo con España se inicia a través de su padre y de los coros de música en español en los que participó en su niñez. Me habla de su estancia en Cuba, de su trabajo de coordinadora en la adopción de niños rusos por familias españolas, de su amor por la lengua que la llevó a graduarse como hispanista y a trabajar en la Facultad de Filología de la Universidad Estatal Lomonosov de Moscú como profesora asociada.

Actualmente, trabaja como periodista free lance para varios medios rusos y como intérprete. Le gusta su trabajo porque le permite cumplir su deseo de educar a su hija: para Anna es muy importante que se forme en la cultura y en los valores propios de su país, que conozca y aprecie sus raíces.

A su llegada a España, le sorprendió el papel asignado a la mujer como soporte de la estructura familiar. En Rusia no es así, me explica, allí el socialismo soviético asignó a las mujeres el mismo papel que a los hombres como fuerza productiva, sin distinción por sexo. De ahí que nuestra necesidad de romper techos de cristal le resulte extraña. Ser madre en España es muy difícil, me dice, porque se asume que la ayuda vendrá del apoyo familiar, de una red que ella dejó en Rusia, donde nunca pensó que la iba a necesitar. Es crítica con la facilidad con la que hemos convertido esa distinción de roles en una ley no escrita que nosotras mismas tenemos interiorizada. Por eso, se rebela contra las renuncias a las que nos tenemos que enfrentar para ser madres, trabajar y educar a los hijos: a veces los sueños te hacen prisionera, pierdes tu libertad porque renunciar al otro platillo de la balanza es simplemente implanteable. Anna es todo menos un pajarillo desamparado y temeroso. Será el más fiero soldado en la batalla. A por todas, Anna.

De pequeña, tus padres decían que eras… testaruda como un burro.

La primera vez que te rebelaste fue… en una edad inconsciente. La rebelión, por lo visto, fue lo suficientemente convincente para que nadie intentara volver a imponerme nada inaceptable para mí. 

Y ahora, ¿dónde viven los monstruos? Nunca he creído en ellos. Será que viven en la oscuridad pero se combaten con la luz de la lógica y conocimiento.

Una lección de vida y un maestro: Los maestros más eficaces para mí siempre han sido los libros y sus personajes: una variedad interminable de vidas…

El mayor de tus sueños cumplidos: Trabajar haciendo lo que me gusta.

Lo bueno que está por llegar: Mayor tranquilidad y sabiduría

¿A qué no renunciaríais ni por una doble ración de tu plato favorito?  La comida en general no me apasiona, la doble ración no es ninguna tentación.

¿Qué le pedirías al genio de la lámpara? Que no haya guerra.

Tu mayor legado: Es pronto para hacer cuentas pero considero el mayor legado, en general, todo conocimiento que se consigue transmitir a otros.

¿Qué es lo que Inga y tú tenéis en común que merezca la pena compartir? Muchas cosas, pero la más valiosa para mí es el sentido de humor.

¿A quién deseas pasarle el testigo? A Laura Camarero, una gran mujer y artista.

 

Related Articles