Cada cosa en su momento y un momento para cada cosa

Hoy es martes. Antes de que mi hijo haya ido al recreo pasadas las once, habrá estado dedicando su mañana a clases de Biología, Alemán e Inglés, en sucesivas franjas horarias de 50 minutos. Lo mejor: nadie espera que haga otra cosa que atender a cada tarea durante todo  el tiempo específicamente asignado. Por muy importante que sea lo que tenga que explicarles la profesora de Matemáticas, esperará a que llegue su hora para solicitar su atención. ¿Qué ocurre en nuestra vida de adultos para que a muchos nos resulte tan difícil hacer una sola cosa cada vez?

Pedram Shojai nos propone este reto: organiza tus actividades en distintos periodos de tiempo en los que incluir todas las cosas que tengas que hacer en tu día a día y comprométete de verdad a mantenerte enfocado en cada actividad cuando llegue su tiempo específico.

El reto responde a un doble objetivo. Por un lado, hacernos conscientes de todas las tareas a las que debemos dedicar nuestro tiempo a diario: si esta asunción de tareas es coherente con el diseño de nuestro jardín (recordemos, nuestras prioridades vitales), si nos comprometemos a demasiadas cosas y acabamos apagando fuegos, cómo nos hace sentir este malabarismo permanente, si está afectando a nuestra salud… Y por otro, valorar nuestra capacidad de concentrarnos en realizar una única tarea y vencer las múltiples tentaciones que se presentan de cambiar el foco a otra, fragmentando nuestra atención.

Durante mucho tiempo, hacer varias cosas a la vez ha sido valorado positivamente en términos de eficiencia y productividad.  De hecho, muchos trabajos requieren precisamente de esta capacidad de operar multitarea: poder gestionar y atender diversos proyectos o tareas en marcha de forma simultánea. Contrariamente, las investigaciones demuestran que mantener la multitarea tiene un impacto negativo en nuestra productividad, por el impacto que esta forma de operar tiene en nuestra atención. Por ejemplo, los estudios de Tetard, entre otros, documentan las dificultades para retomar una tarea que ha sido interrumpida, con la consiguiente pérdida de eficiencia: nos cuesta recuperar el hilo. Y, en 2009, Sophie Leroy publicó su conocido trabajo “Why is it so hard to do my work?”, en el que definió el concepto de “residuo de atención”, como la atención que queda atrapada en un proyecto cuando se cambia a otro sin haber completado el primero y que impide que nuestro desempeño en esta segunda tarea sea el óptimo. Como si siguiéramos rumiando mentalmente aspectos de la tarea anterior. Así pues, tanto la tarea interrumpida como la que interrumpe se ven perjudicadas por la transición entre tareas inconclusas. 

Uno de los descubrimientos más relevantes de este estudio, a mi juicio, es que, la multitarea no solo puede deberse a estar respondiendo simultáneamente a varios requerimientos, como recibir un correo o un mensaje durante una reunión, sino ser también una forma de operar de la mente en un contexto donde las personas deben manejar múltiples tareas o responsabilidades a la vez. Algo así como que la atención se mantiene dispersa en respuesta al entorno. La solución, según la autora, pasaría no solo por evitar los canales de posibles distracciones (digamos, el móvil), como por mejorar nuestra capacidad de reducir el residuo de atención, incrementando nuestra capacidad para estar focalizados en el presente, por ejemplo, a través de la práctica del mindfulness.

En conclusión, el reto de esta semana nos lleva a enfrentarnos a la pérdida de productividad que se deriva de mantener una atención fragmentada, acudiendo a la planificación en bloques de tiempo de nuestras actividades y, en aquellos casos en los que el entorno y la estructura de nuestro trabajo no lo haga posible, a valorar la conveniencia de incorporar la práctica del mindfulness a nuestra vida cotidiana.

Related Articles