Cada uno tiene su propia percepción del tiempo

Que el tiempo es relativo lo sabe todo aquél que ha tenido que esperar al otro lado de la puerta de un cuarto de baño. El dato objetivo que marcan las manillas de un reloj se ve alterado por la percepción que cada uno tenemos del tiempo. Esa percepción propia no es constante, cambia en función de las circunstancias concretas: hay momentos en los que el paso de las horas se hace eterno y otros en los que los minutos vuelan a velocidad de vértigo.

Pedram Shojai introduce la cuestión del efecto que tiene la distinta percepción del tiempo en nuestra relación con otras personas: hay veces que “chocamos” con quien interactuamos simplemente porque no vivimos a la misma velocidad. Si lo piensas, encontrarás un montón de ejemplos: aquella ocasión en que te pusiste tan nervioso porque el camarero no te había traído la cuenta cuando tú ya estabas llegando tarde, la vez que un conductor te pitó en un semáforo porque no arrancaste inmediatamente al ponerse en verde, la parsimonia con la que tu hijo pequeño desayuna cuando quedan cinco minutos para salir por la puerta…

Ser consciente de que existen estas diferencias es el primer paso. La curiosidad puede llevarnos a investigar el efecto que tienen en nosotros  y los signos perceptibles de esa discrepancia cuando nos relacionamos con otra persona. ¿Qué te ocurre cuando estás tranquilo y se acerca alguien que lleva mucha prisa? Incomprensión, alarma, reacción a la defensiva, enfado, bloqueo, ironía…¿Qué te sucede cuando crees que no tienes tiempo y el mundo que te rodea parece no darse cuenta? Ansiedad, agobio, ahogo, ira, frustración, desesperación…Guau. Menudos ingredientes para un cocktail explosivo. No hace falta ser un lince para anticipar el conflicto.

Si me has seguido hasta aquí, tengo una buena noticia que darte. Tú mandas. Ahora que eres consciente de este efecto, puedes contribuir a reducir la conflictividad en tu entorno. Para ello cuentas con dos armas ultrapoderosas. La primera es tu respiración, que te va a permitir generar la calma necesaria para aumentar tu nivel de presencia y contribuir a gestionar tus emociones y su impacto en las emociones del otro. La segunda es tu humanidad compartida: si eres capaz de reconocer al otro como una persona que, tal como tú, tiene su propia percepción del tiempo, podrás comprender y compartir sus emociones cuando esta discrepancia se ponga de manifiesto. De esta forma, podrás empatizar y encontrar la forma de tender un puente de comunicación que acerque vuestras necesidades. 

Hoy, pues, te invito a observarte y observar a los demás sobre cómo está afectando este confinamiento en vuestra percepción del paso del tiempo. ¿Te faltan los minutos y haces malabarismos para atender a demandas laborales y familiares?¿La monotonía de los días te está pesando y la vida parece transcurrir a paso de tortuga? ¿Qué emociones está provocando en ti? ¿Qué puedes decir de tu entorno? ¿Se ha producido algún conflicto por diferencias en la percepción del tiempo? ¿Sabes qué necesidades no cubiertas hay detrás de esa discrepancia? Tal vez, una necesidad de momentos de desconexión en los que la respiración permita recuperar la calma. O, por el contrario, de una mayor conexión con los otros que rompa la rutina y haga que el tiempo fluya. O de un propósito para sentirse útiles y acabar con el tedio,  más allá de los aplausos de las ocho.¿Qué pierdes por averiguarlo?

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