Cambia las cosas de sitio en tu lugar de trabajo

Durante la carrera, mi mesa de estudio iba acumulando pilas de apuntes y libros que terminaban por ocupar todo el espacio disponible. En ese momento, para poder escribir, me veía obligada a bajar al suelo la primera montaña de papel que pillaba y ésta seguía allí creciendo, desafiando la ley de la gravedad, hasta que mi madre tomaba el cuarto al abordaje y distribuía los montones en cajones y baldas de armarios, dejando la habitación perfectamente ordenada y mi cabeza sumida en el caos. Media vida después, los montones de papel siguen siendo mi animal de compañía.

Por eso, el título del capítulo de hoy me ha hecho sonreír: ¿me están dando permiso para desordenar? Pues sí. Afirma Pedram Shojai que estamos demasiado familiarizados con cómo se encuentra dispuesto todo en nuestro escritorio, lo que hace que se emboten nuestros sentidos y nos resta creatividad. Sin embargo, cuando tenemos que mantener la conciencia espacial, nuestro organismo recibe la señal de permanecer más despierto e indica al cerebro que debe trabajar de una forma más integrada. Son conocidos los numerosos estudios que concluyen que el desorden en el espacio de trabajo contribuye a la creatividad y el cumplimiento de objetivos lo mismo que los espacios ordenados contribuyen al mantenimiento de la disciplina y el respeto de las normas.

En realidad, de lo que estamos  hablando es de la necesidad de romper rutinas para mantener al cerebro activo y despierto. La palabra clave es “adaptabilidad”. Si día tras días nos movemos exactamente en las mismas coordenadas, acabaremos pareciéndonos a la rata que corre en la rueda, sin plantearnos la posibilidad de actuar de forma distinta, de mejorar y crecer. Este modo de operar genera a la larga una resistencia al cambio, cualquier ruptura de la rutina se hace un mundo y requiere de un período considerable de adaptación. 

De ahí la importancia de entrenar la adaptabilidad como si se tratase de un músculo más de nuestro cuerpo: pequeños ejercicios con mancuernas sostenidos en el tiempo garantizan una mejor respuesta que si mañana decidimos levantar de golpe 50 kilos. 

Por eso, la propuesta de hoy es un llamamiento a introducir pequeñas rupturas en tus rutinas. Es cierto que el confinamiento es ya de por sí una gran ruptura. Aún así, también puede ser una buena oportunidad para hacerte consciente de las actividades que repites diariamente de forma mecánica, sin tener que pensar, y buscar formas de despertar tu pensamiento consciente: probar a comer con la otra mano, cambiar el orden de los cajones de tu armario, elegir otro itinerario si tienes la suerte de poder pasear a un perro…seguro que a ti se te ocurren muchas más opciones si analizas tus rutinas. Darle espacio a este desorden es un antídoto contra la monotonía del confinamiento y un entrenamiento eficaz de tu capacidad de adaptación al cambio.

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