Comprométete a estar menos tiempo sentado

Como mandan los cánones, mi hermano recibió un reloj precioso por su compromiso. Recuerdo mi admiración cuando lo vi por primera vez: una combinación perfecta de sencillez y elegancia, que sigue atrayendo mi mirada cuando asoma bajo el puño de sus camisas. Me resultó muy curioso su mecanismo de funcionamiento, que se recarga con el movimiento del brazo en lugar de con una pila o dándole cuerda, por lo que se para cuando se lo quita.

Según Pedram Shojai, a nuestro cuerpo le pasa algo muy parecido a este reloj: después de unos 30 minutos sentados, el flujo sanguíneo disminuye, decrece la tasa metabólica en reposo y los músculos posturales comienzan a fallar a medida que el organismo deja de estar erguido y comienza a colapsar sobre sí mismo; envejecemos más rápido, nos recuperamos más lentamente y tenemos menos energía disponible con la que nutrir el cerebro. Aunque parece un planteamiento bastante radical, lo cierto es que podemos encontrarle cierta fundamentación desde distintas disciplinas.

El historiador Yuval Noah Hariri, en su libro “Sapiens. De animales a dioses” acude a nuestro pasado nómada para explicar algunos de los comportamientos del hombre moderno: “Para comprender nuestra naturaleza, historia y psicología, hemos de penetrar en la cabeza de nuestros antepasados cazadores-recolectores. Durante casi la totalidad de la historia de nuestra especie, los sapiens vivieron como recolectores de alimento. Los últimos 200 años, durante los cuales un número cada vez mayor de sapiens han obtenido su pan de cada día como trabajadores urbanos y oficinistas, y los 10.000 años precedentes, durante los cuales la mayoría de los sapiens vivieron como agricultores y ganaderos, son como un parpadeo comparados con las decenas de miles de años durante los cuales nuestros antepasados cazaron y recolectaron.”   

En esta línea, concluye, desde la psicología evolutiva se argumenta que, puesto que muchas de nuestras caraterísticas psicológicas y sociales actuales se modelaron en la extensa época preagrícola, el hecho de que nuestros “nuevos” hábitos de vida colisionen con los de nuestros antepasados nómadas,  nos lleva a veces a sentirnos alienados, deprimidos y presionados. Los sapiens no gastaban sillas por aquel entonces; es posible, por tanto, que pasar largo tiempo sentado no entre en la categoría de las actividades a las que estamos acostumbrados como seres humanos.

Por su parte, diversos estudios neurológicos señalan el impacto positivo del ejercicio físico en la función cognitiva del cerebro: se identifica la actividad física como un potente estímulo para la neurogénesis y se ha demostrado la mejora de diversas funciones ejecutivas cerebrales;  así como el efecto positivo en el estado de ánimo y la regulación emocional derivadas de la secreción de dopamina, serotonina y noradrenalina.

Resumiendo: si estamos “diseñados” para estar en movimiento y el ejercicio contribuye a que seamos nuestra mejor versión, proponernos pasar menos tiempo sentados es una práctica que contribuirá a mejorar nuestra energía, estado de ánimo y rendimiento. 

Para lograrlo, el punto de partida es conocer cuál es nuestra realidad: ¿qué actividades hacemos normalmente sentados y cuánto tiempo les dedicamos? Puedes utilizar la información que recabaste en la auditoría temporal u optar por observarte de nuevo con este propósito. Con estos datos, plantéate qué líneas de actuación puedes emprender para conseguir reducir el tiempo total que pasas sentado o al menos el impacto que esto tiene en ti. El análisis puede pasar, por ejemplo, por:

  • determinar qué tareas puedes comenzar a realizar de pie, como tomarte el café de media mañana en la barra en lugar de sentado en una mesa,
  • decidir cómo puedes reducir el tiempo diario que dedicas a otras, como el número de capítulos seguidos que ves de una serie,
  • y/o por programar descansos o estiramientos en aquéllas que debes hacer desde un asiento en cualquier caso. 

Se sincero contigo mismo y establece retos alcanzables: no vas a poder trabajar de pie si en tu oficina no existen mesas altas que te permitan hacerlo, pero tal vez sí puedas ir introduciendo acciones que te permitan disminuir el tiempo que pasas sentado, como esperar de pie a que comience una reunión o desplazarte para hablar con un compañero en lugar de enviarle un email o llamarle por teléfono. Deja que tu imaginación actúe y encuentre su camino entre tanto asiento.

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