Comunicación

Habla para que yo pueda conocerte”.

Esta frase es de Sócrates, creador de la mayéutica y probablemente el primer coach de la historia. Desde que me dedico a esto, mi capacidad de asombro está disparada; me impresiona lo que podemos llegar a aprender de las personas si dedicamos un rato a conversar con ellas. Es como abrir un libro y zambullirnos en la lectura de un mundo apasionante, misterioso y único, completamente desconocido hasta entonces, que se muestra ante nosotros como un regalo.

La existencia de una buena comunicación entre el coach y el coachee es básica en todo proceso y, para ello, resulta esencial atender a todos los elementos que la conforman:  a este respecto, cabe señalar que estudios en el ámbito de la Programación Neuro Lingüística (PNL) han demostrado la importancia de los elementos no verbales en la comunicación, que llegan a suponer un 93% del mensaje en situaciones de alto contenido emocional. 

A mi juicio, el éxito en esta comunicación se fundamenta en cuatro pilares. El primero, es la disposición a escuchar: es un acto de la voluntad, hay que querer escuchar y estar dispuesto a dedicar tu tiempo y energía a ello. Si no existe esta voluntad, el otro hablará y nosotros oiremos, pero no escucharemos. 

Esa disposición a escuchar nos lleva a prestar atención a lo que dice y a cómo lo dice. Mantener la atención enfocada en el otro y minimizar las distracciones internas y externas es esencial para poder percibir todos los elementos de la comunicación, tanto verbales como no verbales.

El tercer pilar está igualmente enlazado a los dos anteriores: si estás dispuesto a escuchar y centras tu atención, podrá surgir en ti la curiosidad, el verdadero interés por lo que el otro te quiere transmitir en ese momento. Este interés se plasma en la forma en la que el que escucha interpela al que habla, contribuyendo a generar un espacio de confianza en el que el otro se siente animado a abrirse.

Y,  por último, la empatía, que nos lleva más allá de la mera comprensión del mensaje, nos permite conectar con la emoción del que habla y la forma particular en la que está viviendo la realidad de la que en ese momento nos hace partícipes. En palabras de Atticus Finch, el gran abogado de Matar a un ruiseñor: “Nunca entenderás a una persona hasta que consideres las cosas desde su punto de vista, hasta que te metas en su piel y pasees en ella”.

Es cierto que no todas las comunicaciones requieren de este despliegue de medios- “pásame la sal” se agota en sí mismo- incluso puede no ser deseable-“¡Fuego!”-. Sin embargo,  esta reflexión enlaza con la idea de la necesidad de mantener conversaciones de calidad por las que aboga Pedram Shojai en el capítulo de hoy.  Parte de un análisis sobre el impacto de la tecnología en nuestras comunicaciones. En su opinión, los dispositivos electrónicos han sido diseñados para ampliar nuestra capacidad de comunicación e interconexión, pero no siempre esa mayor capacidad lleva aparejada una mejor calidad: se pierde lo que denomina “elementos analógicos” de la conversación que no son otros que los que componen la comunicación no verbal. No hay emoticono que sea capaz de sustituir la pérdida de información que supone eliminar estos elementos del mensaje. Por ello, si somos conscientes de que un mensaje se transmitirá de forma diferente dependiendo del medio de comunicación que utilicemos para ello, cabría plantearnos si convendría reflexionar sobre los distintos tipos de mensajes que se transmiten en el entorno empresarial y abogar por utilizar el canal más adecuado para cada uno de ellos.

Mi invitación, hoy, es a aprovechar las ocasiones que se presenten para mantener una conversación de calidad con aquellos que forman parte de tu entorno cotidiano de trabajo: pon a prueba tu capacidad de asombro.

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