Cuida de tu jardín

Uno de los principales objetivos que ocupa la mente y los despachos de los responsables de Recursos Humanos en nuestros días es la tan traída y llevada conciliación de la vida laboral y personal. Conseguir ese ansiado equilibrio impacta tanto en la motivación como en el rendimiento de los trabajadores y es esencial para evitar situaciones de burnt-out y mejorar los índices de retención. ¿Cómo lograr ese ansiado equilibrio?

En la línea que proponen autores como Boyatzis, considero que la tarea de encontrar este equilibrio puede ser tan productiva como la búsqueda de El Dorado. Sobre todo, cuando se parte de fórmulas generalistas que definen un marco único para toda la plantilla. 

Pongo un ejemplo. Hace un tiempo, asistí a la exposición de un gurú del wellbeing que compartía los cambios introducidos en su compañía a favor de la conciliación: habían hecho un enorme esfuerzo por crear un gimnasio en sus instalaciones con una amplia oferta de actividades y horarios. De esta forma, al poder ir al gimnasio en la oficina, el empleado no tenía que debatirse entre bañar a los niños o ir al gimnasio, concluyó. Desde luego, es un esfuerzo muy loable, que manifiesta una clara preocupación porque los empleados mejoren su conciliación y su salud, incluso a costa de una importante inversión de recursos materiales y humanos. La duda que me surge es: ¿cuántos empleados manifestaron que esto era lo que de verdad necesitaban? ¿Cuántos, como yo, pensaron que antes muertos que ponerse a sudar en mallas delante de sus jefes? Y lo realmente importante: ¿Cuál ha sido la rentabilidad real de la inversión en términos de retención y rendimiento del empleado a unos cuantos años vista?

Este tipo de medidas perpetúan el viejo enfoque paternalista de la gestión de personas: por mucho que nos haga parecernos a Cupertino llenar un espacio de pelotas de Pilates, sitúan al empleado como destinatario de las medidas y no como su coautor y protagonista.La búsqueda de la conciliación es una tarea personal y cambiante en el tiempo, de ahí que rechace la idea de una fórmula universal y estática que conduzca al equilibrio vital de la plantilla. 

A esta tarea es a la que quiere contribuir Pedram Shojai con su metáfora del jardín: tu vida es un jardín en el que tanto el espacio como los recursos (agua, tierra, sol…) son limitados, como lo son tu energía y tu tiempo. Hazte las siguientes preguntas:

  • ¿Qué plantas son realmente importantes para ti?
  • ¿Qué necesitan para crecer sanas?
  • ¿Estás proporcionándoles lo que necesitan?
  • ¿Qué vas a hacer para asegurarte de que lo reciben?

El análisis de Shojai va más allá y pide que sigas mirando el jardín e identifiques a las malas hierbas: ¿qué hay en tu jardín que está robando tu energía e impidiendo que la dediques a lo que realmente te importa? ¿Es malo quedarse viendo series hasta la una de la madrugada? Y si es leyendo, ¿está mejor? ¿Y vivir pendiente de las alertas del teléfono? Tal vez para alguien sea importante y no se trate de una víctima más del FOMO. ¿Debes prescindir de las cervezas del afterwork? ¿Y si es tu única oportunidad de hablar con alguien en todo el día? No hay una clasificación universal de malas hierbas. Cada uno tenemos las nuestras y debemos conocer en qué medida están robando recursos a las plantas que de verdad queremos en nuestro jardín. Y una vez identificadas, ¿qué hago con ellas? Lo que se hace con las malas hierbas: arrancarlas de raíz y mantener la vigilancia para que no vuelvan a proliferar.

Me encanta este enfoque: es sencillo, responsabiliza al individuo y lo convierte en el artífice de su desarrollo personal y profesional. 

Fantástico. Pues como el responsable es el empleado, no hay nada que desde la empresa se pueda hacer al respecto, ¿cierto? Bueno, si la pregunta se plantea como la del gimnasio, probablemente la respuesta es que no puedes satisfacer a todo el mundo porque igual que a unos les gusta el running, a otros, el cine, y no tenemos tanto espacio. Si la pregunta se plantea como en qué medida puedes contribuir a que el empleado consiga su objetivo, la respuesta pasa necesariamente por abrir un marco de conversaciones en el que el empleado pueda compartir el estado de su jardín de forma habitual. Puede que haya algunas conversaciones que concluyan con que quiere trabajar menos y cobrar más. ¿Y quién no?  No se trata de eso. Se trata de generar un espacio de comunicación en el que compartir y mostrar auténtico interés por lo que le importa o le preocupa en ese momento. A veces, la empresa podrá hacer algo para ayudar, otras, sinceramente, no. Aun así,  los beneficios que derivarán de ello en términos de compromiso y motivación son enormes.

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