El momento de la ducha

Comencemos por repasar lo básico. ¿Qué necesitamos para darnos una buena ducha? Imprescindible: agua cayendo sobre nosotros y un buen limpiador. Opcional: esponja o similar. Dress code: nude. 

Ligeros de equipaje, que diría el poeta. Y, sin embargo, solemos meternos en la ducha bien cargados; no es raro, incluso, que se sume a este momento tan íntimo una multitud de personajes, ocupando nuestra mente de forma simultánea o sucesiva. Lo difícil que resulta ducharse uno solo con agua y jabón.

Pedram Shojai llama nuestra atención sobre la cantidad de tiempo que pasamos de más en la ducha y lo achaca a dos causas principales, que poco tienen que ver con la limpieza. La primera de estas razones, la acabamos de perfilar: la ducha se ha convertido en un acto rutinario en el que rara vez estamos presentes. Entramos en ella cargados de preocupaciones, de proyectos, de lo que arrastramos del día anterior o de lo que enfrentaremos en el día recién estrenado. Nuestra mente vaga de un pensamiento a otro mientras repetimos el ritual de limpieza de forma mecánica, sin ser conscientes de si atacamos la espalda o las rodillas.

La segunda de las razones tiene que ver con el uso de la ducha como un lugar para liberar tensiones acumuladas: desde el efecto reparador del agua caliente cayendo a chorro sobre la zona de la nuca o los hombros, a la descarga emocional de cantar como una posesa camuflada por el sonido del agua a máxima potencia. Hay alternativas de autocuidado mucho más ecológicas.

Por ello, el tema de hoy, que parece tan liviano, nos anima a observarnos en esa rutina diaria como un medio de diagnóstico sobre nuestras necesidades en este momento: pensamientos recurrentes, emociones enquistadas, falta de auto cuidado…te invito a que repases post anteriores, específicos de estos temas, una vez que hayas identificado qué es lo que necesitas en este momento.

Y, para terminar, tengo una propuesta muy especial solo apta para valientes. El reto nos lo propuso hace años Rafael G. Silva, mi querido profesor de Habitar el Tiempo: si quieres saber de verdad lo que es el mindfulness, ponte debajo de la alcachofa, abre el grifo de agua fría, y aguanta. Tan sencillo como esclarecedor.

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