Haz descansos regulares a lo largo del día

Mi relación con el mindfulness comenzó una mañana de invierno que, como tantas otras, subía la calle de Arturo Soria en dirección al nudo de Manoteras. Iba en mi coche con la radio encendida, escuchando las noticias cuando mi vista se fijó en la mole blanca de la piscina Stella. “¿Cómo he llegado hasta aquí?” La respuesta resultaba evidente: conduciendo, a través del atasco, en la última media hora. Cierto. Lo sorprendente era que si alguien me hubiera preguntado por algún detalle concreto de ese camino, las habría pasado canutas para contestar, porque, por lo que a mi consciencia se refería, podría haber llegado perfectamente mediante teletransportación o polvos flu, para el caso, lo que recordaba del trayecto era lo mismo: nada. 

Pocas semanas después, durante una charla informativa sobre mindfulness, comprendí que la respuesta correcta a mi pregunta era que había llegado hasta allí con el piloto automático, que es la forma en la que solemos funcionar la mayor parte del día, y cómo la meditación viene en nuestro auxilio ante esta pérdida de consciencia, al ayudarnos a conectar con el momento presente. Como señala Jon Kabat-Zinn en su libro “Mindfulness en la vida cotidiana”, la meditación no consiste solo en sentarse. “Consiste en parar y estar presentes, eso es todo.” Traer la atención a lo que estoy haciendo en este momento, apagar el piloto automático y pasar al modo manual.

Para ello, Pedram Shojai nos anima a hacer paradas programadas a lo largo del día y nos propone varios tipos de prácticas para estos descansos. La primera de ellas se centra en la respiración: haz cinco respiraciones conscientes llevando el aire a la parte baja de tu abdomen. Inhala despacio, mantén la respiración unos instantes cuando tengas los pulmones llenos, exhala larga y profundamente y aguarda un momento con los pulmones vacíos antes de volver a coger aire. Llevar tu atención a la respiración te permitirá bajar el ritmo y volver al modo de operar consciente.

La segunda práctica tiene como objetivo conectar con nuestro cuerpo. Consiste en aprovechar el descanso para realizar un breve escáner corporal durante un minuto. Llevar la atención a las distintas partes del cuerpo nos permite detectar aquellas zonas con tensión que requieren un estiramiento, corregir malas posturas, descansar la vista, etc. 

Y, por último, nos anima a recuperar la hora del té. Se trata de buscar un momento en el día para tomarte entre 10 y 15 minutos para preparar y beberte una taza de té. Como estará caliente, tendrás que tomarlo a pequeños sorbos y eso contribuirá a que desconectes y te relajes unos minutos antes de retomar tu actividad.

 Para todos aquellos que estáis tan ocupados que tomaros estos pocos minutos diarios os parece de ciencia ficción, os dejo unas palabras de Jon Kabat-Zinn al respecto: “Lo más curioso de detenernos es que en cuanto lo hacemos, allí estamos. Las cosas se simplifican. En cierto modo, es como si muriésemos y el mundo siguiera su curso. Si muriésemos todas nuestras responsabilidades y obligaciones desaparecerían de inmediato. Lo que quedara de ellas se resolvería de algún modo sin nosotros. (….) Al tomarnos unos instantes para morir deliberadamente a las prisas que nos impone el tiempo mientras seguimos estando vivos, nos liberamos y disponemos de tiempo para el presente. Al morir ahora de este modo, podemos llegar a estar más vivos ahora. Eso es lo que nos brinda el hecho de parar. No hay nada de pasivo en ello. Y cuando decidimos hacer algo, lo hacemos de otra forma, porque hemos parado.”

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