Laura Camarero

Escultora y fundadora de El Taller Escuela

Entro en el taller de Laura y me traslado 20 años atrás en el tiempo, a cuando volcaba en la arcilla y el gres mis deseos de volar. Espacios habitados por la misma musa, esa que nos empuja a ser creativos, alimenta nuestra espontaneidad y nos permite mostrarnos como realmente somos. Es difícil describirlo. Respiro el mismo aire. Y un profundo respeto. Por la individualidad, por el tempo y los caminos que cada alumno elige para crecer artísticamente, para enfrentar los retos desde la positividad.

Laura me descubre  el vínculo entre conceptos que en mi mente ocupan anaqueles diferentes: la felicidad y la enfermedad, el dibujo y la neurociencia, la basura y la belleza. Tal vez sea su dislexia la que le permite leer el mundo de una forma distinta.

Hablamos de cómo el proceso creativo conduce a ese estado de flow que describe Csikszentmihalyi, que nos lleva a enfocar nuestra atención en la tarea, formar una unidad con ella y desatar los cabos con lo que sucede a nuestro alrededor y con el transcurrir del tiempo.

Nos lamentamos del olvido de la formación artística en la educación, sobre todo a partir de la adolescencia: justo a la edad en que se muestran categóricos y radicales en sus likes y dislikes, renunciamos a abrir su mirada permitiendo que la experimentación artística les conduzca a apreciar la diversidad del mundo; les educamos en la repetición de patrones y en la disciplina de la memoria, cuando el futuro apuesta por aquellos que son capaces de pensar “out of the box”, sin plantearnos que tal vez esta habilidad requiere del entrenamiento previo de la creatividad.

Laura es optimista, convencida de que el universo nos proporciona todo lo que necesitamos, el secreto está en saber pedirlo. Me despido con su reflexión: si en el pasado habita la nostalgia y el futuro es el reino de los miedos, es en el presente donde toca ser feliz.

De pequeña, tus padres decían que eras… sonriente, cariñosa, creativa y muy preguntona: siempre detrás de un por qué había otro. Salvadora de animales en apuros, desde un pajarito caído del nido hasta una paloma moribunda de cuestionable salubridad.

La primera vez que te rebelaste fue… creo que nunca he tenido la necesidad de rebelarme con mis padres. Me dieron una educación basada en la sinceridad, comprensión y respeto. Quizás fue en mi pueblo, una aldea en Cantabria, en la casa de mi abuela, sí que tuve que rebelarme ante unas costumbres fuertemente machistas, basadas en un patriarcado, que rompían mis esquemas y mi lógica.

Y ahora, ¿dónde viven los monstruos? Vivir, siempre viven en nosotros. Para mí los monstruos son las diferentes caretas que tiene el miedo a la muerte. No es fácil vivir con la capacidad de ser conscientes de nuestro propio finito. 

Una lección de vida y un maestro: La sinceridad conmigo misma y, por consiguiente, con mi entorno me ha facilitado mucho el camino hacia una vida más feliz y sencilla. Un maestro: sin duda, nosotros mismos.

El mayor de tus sueños cumplidos: Ser madre. Es una aventura genial, tener el privilegio de ser espectadora de cómo crece, evoluciona y toma consciencia tu hijo. El poder disfrutar de esta clase de amor es increíble.

Lo bueno que está por llegar: Lo bueno no esta por llegar, siempre está aquí y ahora en nuestro presente.

¿A qué no renunciarías ni por una doble ración de tu plato favorito? A mi familia, a su calor, su apoyo y el entorno de amor y aceptación que genera. Y a trabajar en algo que me apasiona: la educación, el arte, las personas.

¿Qué le pedirías al genio de la lámpara? Que la enfermedad no se cruce en la vida de los que amo ni en la mía propia. Puestos a pedir, que fuésemos como David el Gnomo, que viviéramos 200 años y luego nos convirtiéramos en un árbol.

Tu mayor legado: Quizás decir una frase certera en un momento  concreto que dé algo que necesita a quien tengo enfrente. Siempre intento dejar mejor o como mínimo igual que lo encuentro a quien me cruzo en mi vida. Esto no es un acto filantrópico, sino de individualismo. Creo y quiero un mundo mejor y esta forma de vivir es lo que me sienta bien.

¿Qué es lo que Anna y tú tenéis en común que merezca la pena compartir? Nuestra devoción por la sinceridad.

¿A quién deseas pasarle el testigo? A mi hermana Marta Camarero, que espero que pueda contar su maravilloso proyecto. 

Si sientes curiosidad, puedes averiguar más cosas sobre María y su proyecto en el siguiente enlace:

Taller Escuela

 

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