Momentos de ansiedad

Tenía catorce años cuando me topé por primera vez con “Momo”, la protagonista del libro escrito por Michael Ende. Aquella niña que vivía en las ruinas de un anfiteatro romano descubrió para mí la esencia del mundo de los mayores: la vida como una sucesión de tareas que deben hacerse muy deprisa y sin distracción, en la ilusión de ahorrar tiempo para poder disfrutarlo, cuando en realidad quienes se lo llevan son unos hombres grises que se lo fuman a nuestra salud.El ritmo de vida al que nos hemos acostumbrado sobre todo en las grandes ciudades nos aboca a vivir en una carrera permanente. Somos víctimas del estrés. La respuesta de estrés es un mecanismo de supervivencia desarrollado para hacer frente a las emergencias. El problema surge cuando todos los días se viven como una emergencia: el coste que paga nuestro cuerpo puede ser muy elevado.  Robert Sapolsky, en su libro “¿Por qué las cebras no tienen úlceras?” señala que una de las características fundamentales de nuestra respuesta de estrés es que moviliza rápidamente la energía de los sitios en que se halla almacenada: la glucosa y las formas más simples de proteínas y grasas salen a raudales de las células; se incrementa el ritmo cardiaco, la presión sanguínea y el ritmo respiratorio para transportar nutrientes y oxígeno a mayor velocidad;  se paraliza la digestión, se inhibe el crecimiento, la actividad reproductora, el sistema inmunológico y  las zonas del cerebro relacionadas con el razonamiento superior; cuando el estrés dura lo suficiente, la percepción del dolor se embota…¿De verdad quieres hacerte esto?Porque uno de los mayores peligros asociados al estrés es precisamente que se haga crónico y nuestro cuerpo y nuestra mente estén tan aislados que no percibamos las señaladas de alarma. Pedram Shojai nos invita a identificar los momentos de ansiedad en nuestra vida. Se refiere con ello al estado al que nos conduce la acumulación de situaciones de estrés que suelen llevar asociadas la anticipación, la frustración y la irritación. Para él, debemos valorar estos momentos como ocasiones de aprendizaje y alertas frente al devenir crónico del estrés. Para ello, cuando identifiquemos que estamos atravesando un momento de ansiedad, nos invita a preguntarnos:
  • ¿Qué sientes? Describe la sensación.
  • ¿En qué parte del cuerpo?
  • ¿Cuándo empezó?
  • ¿Cómo empezó? ¿Qué lo originó?
  • ¿Sueles sentir esto mismo cuando piensas en esta situación?
  • ¿Qué te aporta?
Es conveniente llevar un registro con la información obtenida del análisis de estos momentos. De esta forma, poniendo consciencia sobre el qué, cómo, por qué y cuándo se ha generado un momento concreto de ansiedad, podremos desarrollar estrategias para minimizar su impacto y, en último término, frenar las reacciones que nos conducen a este estado.

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