Negociar con el tiempo

Entre todos los roles que desempeñamos en nuestra vida, figura el de negociador. Desde pequeñitos aprendemos a comerciar para obtener ventajas (“si termino pronto los deberes, ¿puedo ver la tele?”) o minorar inconvenientes (“si me como todo el filete, ¿me perdonas las berenjenas?“). Nos educamos en un zoco de mercaderes y, en mayor o menor medida, todos desarrollamos esta habilidad imprescindible para la defensa de nuestros intereses y la lucha por nuestras aspiraciones. Con el tiempo, algunos llegan a convertir esta habilidad en un arte. Uno de los mejores negociadores que he conocido es mi buen amigo Germán. Él me enseñó que en una negociación es muy importante distinguir lo que para ti es negociable de lo que es irrenunciable, evitando pelear cada punto como si te fuera la vida en ello y facilitando el cierre de acuerdos duraderos y satisfactorios para ambas partes. 

En este capítulo, Pedram Shojai llama nuestra atención sobre el hecho de que diariamente intercambiamos nuestro tiempo por otras cosas: por dinero, por conexión, por diversión, por conocimiento…y nos invita a reflexionar sobre si, en nuestras transacciones con el tiempo, solemos hacer buenos negocios. Desde un punto de vista financiero, un buen negocio es aquél que te proporciona una rentabilidad igual o mayor que la esperada. Aplicando este principio a la inversión de nuestro tiempo, se tratará de concluir, entonces, sobre el rédito obtenido al tiempo dedicado: ¿ha valido la pena el curso on-line al que has dedicado una semana?, ¿has conseguido descansar en tus vacaciones o has seguido conectado y tan estresado como en cualquier día laboral?, ¿has disfrutado jugando con tus hijos o se han enfadado contigo porque has estado más pendiente del teléfono que del tablero?

En estos ejemplos se observa el papel que en la valoración juegan, por un lado, nuestras expectativas, y por otro, la necesidad de defender la línea roja de aquello que para nosotros es irrenunciable: si tu prioridad era desconectar y no lo has conseguido, probablemente concluirás que no has hecho un buen negocio tomándote vacaciones en este momento. 

En mi opinión, la herramienta fundamental de todo negociador de tiempo es la consciencia. La necesitas para conocer tus objetivos y expectativas en cada actividad que emprendes. La necesitas para trazar esa línea roja que te permita conocer qué puedes negociar y qué no. Y la necesitas para estar presente en lo que haces y poder reaccionar ante los imprevistos y distracciones.

Cultivar esa consciencia plena requiere constancia pero es muy simple. Basta tu voluntad para integrarla en tu vida cotidiana. Nadie mejor para explicarlo que Thich Nhat Hanh: 

“Cuando bebo té, solo me dedico a beber té. No tengo que pensar. Puedo dejar a un lado todas mis ideas mientras tomo té. Y, cuando dejo de pensar, puedo centrar toda mi atención en el té. Solo existe el té. Solo existo yo. Hay una conexión entre el té y yo. No necesito un teléfono para comunicarme con el té. De hecho, como no estoy al teléfono, puedo conectar con el té. Con solo respirar, soy consciente de mi respiración, de  mi cuerpo y del té”.  

Te invito a que la expresión bebo té se convierta en el ancla de atención que te ayude a estar presente cuando negocias tu tiempo.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                          

Related Articles