Ocuparse de la lista de cosas pendientes

Desde pequeña he presumido de tener una buena memoria que me permite acordarme de lo que tengo que hacer con un bajo porcentaje de olvidos. Sin embargo, cuando me quedé embarazada por primera vez, decidí utilizar una bonita libreta que me regalaron como agenda semanal para ir apuntando mi lista de to do’s, con la intención de guardar un recuerdo de mi embarazo. 

Aquella experiencia me enseñó dos cosas. Una: si me cuesta ocuparme del presente, lo ilusa que fui al creer que iba a tener tiempo para rememorar el pasado. Dos: no hay nada más agobiante que copiar en la agenda una tarea que queda pendiente, semana tras semana. Allí estaba, mirándome desafiante desde el papel, segura de sobrevivir una semana más, inasequible al tachón, mientras, hoja tras hoja, yo iba levantando acta de mi fracaso. 

Por eso, no me sorprendió que, en este capítulo de “El arte de parar el tiempo”, Pedram Shojai afirmara que, si bien las listas de tareas pendientes son una herramienta muy útil, también son una fuente común de estrés: las cosas importantes que no terminamos son una gran carga para la mente, nos agobian y generan un diálogo interno en el que nos decimos de todo menos bonito. Como esto no es bueno para nadie, su propuesta pretende ser una herramienta que nos ayude a minimizar esta sensación de frustración.

El primer paso es, necesariamente, ser consciente de lo que está ocurriendo. Tómate 5 minutos para analizar tu lista de to do’s centrándote en aquellas tareas que llevan tiempo pendientes. Empieza por cuestionar si realmente tienes que hacer esas cosas: llevar mucho tiempo en la lista puede ser una señal de que realmente no son “algo que hay que hacer” sino “algo que estaría bien hacer”, como los propósitos de Año Nuevo. 

Estos segundos son admirables y conseguirlos suponen un reto desafiante en la mayoría de los casos, por lo que necesitarás de un plan específico para acometerlos con éxito: si en tu lista de to do’s todos los lunes figura “perder 5 kilos”, lo arrastrarás semana a semana. Dale a este propósito la importancia que se merece, tómate tu tiempo para pensar qué vas a hacer para perder esos 5 kilos y traslada las acciones concretas, bien a tu lista de to do’s (comprar verduras), bien directamente a tu agenda, si de lo que se trata es de generar un hábito (andar durante una hora a buen ritmo a la vuelta del trabajo). 

Cuando tengas identificadas las tareas que realmente hay que hacer, pregúntate si necesariamente eres la persona que tiene que ocuparse de ellas o podrías delegarlas en un tercero. Si es así, hazlo de forma responsable: elimina la tarea de tu lista y reserva en tu agenda tiempo para la supervisión. Ahora que conoces todo lo que realmente tienes que hacer es el momento de diseñar un plan. Tú decides cómo lo vas a hacer, nadie mejor que tú sabe cuál es la receta necesaria para lograr completarlo con éxito. Simplemente, asegúrate de que sea realista y, sobre todo, cíñete a él. 

¿Y si no lo consigo? Por favor, en ese caso, no te fustigues. Se bueno contigo: créeme, nos pasa a todos. Simplemente, eres humano, felicítate por ello y vuelve a empezar. 

¡Feliz Año Nuevo!

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