Pasar tiempo con la familia

Uno de los pasatiempos de mi madre consiste en repasar con nosotros viejas fotografías familiares : apenas cuatro álbumes recogen los primeros 25 años de mi vida y la de mis hermanos, pero son suficientes para hacernos viajar en el tiempo. Alguna vez, delante de esos álbumes, me he preguntado si yo haré lo mismo con mis hijos dentro de unos años. Lo dudo: es muy probable que la nostalgia me embargue, cierto, lo que no veo es  que podamos ventilar en una tarde el reportaje gráfico de nuestras vidas pues, a día de hoy, ya supera las ocho mil fotografías.

Hay muchas razones que justifican esta diferencia, empezando por las tecnológicas. No voy a entrar en esto. Mi reflexión se dirige hacia cuáles eran los factores que estaban presentes entonces y que me permiten viajar en el tiempo con tanta facilidad. En otras palabras, qué me ha permitido generar  recuerdos tan vívidos. Situaciones auténticas a las que agarrarme como a lianas para viajar por la selva de la memoria: los insuperables pimientos rellenos de mi madre que me hacen salivar solo con mentarlos, la voz de mi abuelo leyéndome cuentos al pie de la cama, mi padre empeñado en enseñarme a jugar al ajedrez, mi abuela cantando “Las cosas del querer” cuando ya no sabía qué había comido ese mismo día…Todos estos recuerdos tienen un elemento común: a pesar de que no hay ningún documento gráfico que los ilustre, tengo la certeza de que ocurrieron, porque yo estaba presente; guardo imágenes, sonidos y sabores asociados a ellos, puedo contar anécdotas y reconstruir la emoción que sentí, burlándome del tiempo transcurrido.

Cuando Pedram Shojai propone “pasar tiempo con la familia” va más allá de animarnos a buscar un equilibrio con la vida profesional. Su propuesta consiste en dedicar un tiempo a estar verdaderamente presente para ellos, sin distracciones, a hacer algo juntos aunque no sea más que durante unos minutos, a conectar, a mostrar interés por lo que ocurre en sus vidas, lo que les divierte o les preocupa, a compartir emociones. Da lo mismo a qué actividad concreta dediques este tiempo: juega, lee, cocina, come, baila, pasea, comparte música, haz deporte…o simplemente siéntate a escuchar. Lo que quieras, la clave está en disfrutarlo con los cinco sentidos y sin distracciones: sí, prescinde de pantallas salvo que formen parte de la propia actividad.

Me atrevo a augurar que esta práctica va a proporcionarte momentos de gran satisfacción y, si consigues integrarla en tu día a día, te ayudará a crear un espacio en el que fortalecer tus relaciones con los otros miembros de tu familia: tendrán pruebas tangibles de que ocupan un lugar en tu vida, más allá de tus pensamientos y buenas intenciones, de que pueden contar contigo, de que estás ahí para ellos. Ojalá consigáis además atesorar recuerdos a los que acudir el día de mañana a falta de álbumes de fotos manejables. 

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