Prepara el trabajo antes de hacerlo

Hace unos días se cumplieron dos años de la muerte del que fue mucho más que el entrenador de fútbol de mi hijo. Su disciplina y su exigencia iban siempre acompañadas de un enorme cariño y respeto hacia los chavales que, de los más pequeñines a los que ya se afeitaban, veían en él un modelo en quien confiar, honesto, cercano y con una positividad arrolladora. En los años en que asistí a entrenamientos y partidos, me familiaricé con sus gritos desde la banda: ¡piensa antes de pasar!, ¡levanta la cabeza y mira!, ¿dónde están tus compañeros?, ¡espera a sacar a que se coloquen!, ¡aguanta, sigue, vamos, no le dejes … enorme! El fútbol como escuela de vida: ser buen  jugador requiere entrenar, jugar con cabeza, contar con los compañeros y dar lo mejor de uno mismo peleando cada bola. 

Cuando he leído este capituló del libro de Pedram Shojai, la imagen que me ha venido a la cabeza es la de esos chavales de diez años corriendo tras un balón cualquier fría mañana de sábado. La cuestión que él plantea es la siguiente: si para practicar cualquier deporte necesitamos entrenamiento y concentración, ¿no es un poco extraño que nos lancemos a lidiar con asuntos mucho más sesudos en nuestra vida diaria sin pararnos siquiera a pensar cómo lo vamos a hacer?

Para aclarar este comportamiento, podemos acudir al concepto de sistemas de pensamiento que define Daniel Kahneman en su libro “Pensar rápido, pensar despacio”. Este Premio Nobel de Economía, denomina “Sistema 1” al utilizado por la mente cuando opera de manera rápida y automática, sin gran esfuerzo ni sensación de control voluntario; mientras que el lento “Sistema 2” se encarga de aquellas actividades que requieren centrar la atención, así como de controlar y decidir sobre la miríada de impresiones, intuiciones y emociones que continuamente recibe del Sistema 1. Kahneman señala que, aunque las personas nos identifiquemos con el yo consciente y racional, constructor de creencias, emisor de juicios y hacedor de elecciones que es el Sistema 2, lo cierto es que nuestro cerebro opera mayoritariamente con el Sistema 1 de pensamiento: el Sistema 1 funciona de forma continua y “despierta” al Sistema 2 ante una dificultad, un error, una situación que le produce sorpresa…resumiendo, ante lo inesperado o desconocido.

Así pues, pararnos a pensar cómo vamos a enfrentarnos a un determinado trabajo requiere salir del modo de operar automático y activar la parte de nuestro cerebro que se dedica a las funciones que requieren atención: el perezoso córtex prefrontal. Esta parte del cerebro, que ha sido la última en formarse, es la responsable de la mayor parte de nuestros procesos de pensamiento consciente:  se encarga de recordar, memorizar, comprender, decidir e inhibir. Como señala David Rock, son combinaciones de estas cinco funciones las que nos permiten planificar, resolver problemas, comunicarnos y realizar otras tareas que demandan una gran cantidad de los recursos limitados de nuestro córtex prefrontal, y una de las que más recursos requiere es,  precisamente, la priorización. 

Así pues, la Neurociencia nos aporta datos útiles a la hora de concluir sobre la aparente contradicción existente entre el hecho de que eludamos la preparación en el trabajo intelectual y de que la asumamos naturalmente en el trabajo físico: decidir cómo acometer un trabajo, identificar las distintas tareas que requiere y establecer un orden de prioridad y relación entre las mismas es un proceso que exige una gran cantidad de recursos de nuestro cerebro. Y el cerebro es muy ecológico. Si a esto le añadimos un escenario de estrés, las probabilidades de que optemos por ir lidiando con el trabajo en piloto automático sin tomarnos un tiempo para planificar se elevan.

Muy bien. Pues ahora que eres consciente de esta tendencia natural de tu cerebro, hoy te pido que no te conformes, que no te dejes llevar, que despiertes a tu córtex prefrontal y le pongas a trabajar. Piensa en términos de eficiencia y rendimiento. Observa qué ocurre cuando tu atención va dirigida a lo primero que la capta sin valorar si es lo que más la requiere, o cuando comienzas una tarea sin pararte a pensar si tienes todos los recursos necesarios para llevarla a cabo, o si tú eres la mejor persona para encargarte de ella o deberías buscar ayuda, o si le puedes prestar la atención que necesita o te lo quitarás de encima más que ocuparte de ella. Puede que a tu cerebro le dé pereza pararse a pensar, pero mucha más pereza te dará a ti repetir trabajos, enmendar errores o destinar tu tiempo a tareas que pueden hacer mejor otras personas. En definitiva, como en el fútbol, antes de decidir qué vas a hacer con ese balón que es tu tiempo, ¡levanta la cabeza y mira!

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