Saber cuándo retirarse del mundo

Hay una escena de la película “Regarding Henry” (“A propósito de Henry”) en la que una secretaria sirve café a a un amnésico Harrison Ford mientras le explica que debe decir “ya” para indicar cuándo tiene suficiente. En un guiño del guión, la escena se repite al final de la película, pero esta vez es él quien utiliza esa misma explicación aplicándola a su vida. Hoy vamos a hablar del autocuidado, porque, aunque nosotros no sufrimos de amnesia,  a veces se nos olvida cuándo debemos decir “ya”.

Explica Pedram Shojai que nos hemos acostumbrado a mantenernos encima de una cinta de correr de la que no bajamos ni siquiera cuando se supone que estamos descansando. Tenemos trabajos muy demandantes que nos requieren estar a tope muchas horas seguidas. Nuestro cerebro adopta el “modo hacer”, para poder atender a todas las demandas a las que se enfrenta en el día a día, alimentado por buenas dosis de dopamina. La dopamina. La dopamina mola. Nos empodera, nos permite estar a tope y sentirnos capaces de grandes hazañas. Sí, mola mogollón. Tanto que cuando realmente podríamos descansar, buscamos alguna actividad que nos mantenga en ese “modo hacer” y para seguir surfeando.

¿Y qué tiene de malo aprovechar nuestro tiempo al máximo para hacer cosas? Nada, siempre y cuando sepamos cuándo debemos parar y lo hagamos, lo que no siempre es fácil, por diversos motivos. 

El primero de ellos es la desconexión mente-cuerpo: cuando estamos muy metidos en faena, nuestra atención está centrada en lo que estamos haciendo y esto nos impide detectar cuándo necesitamos un descanso: si llevamos un rato largo en una mala postura, forzando la vista, sin beber o comer…

Puede que sí captemos la señal de nuestro cuerpo y aún así, continuemos adelante. Hemos sido educados para esforzarnos, para darnos al 110 por 100, tirando de “fuerza de voluntad”. Este super poder nos permitirá alcanzar grandes y loables logros, pero si lo usamos cuando ya vamos al ralentí, tarde o temprano nos pasará factura.

Por último, y ligado con el anterior, está la prevención contra el autocuidado. Parece que si levantamos el pie del acelerador, si decidimos tomarnos un descanso, somos débiles, vagos, carecemos de ambición, o simplemente, perdemos el tiempo. A ninguno nos haría gracia que nos colgaran cualquiera de estas etiquetas, así que hacemos todo lo posible por permanecer ocupados. Lo irónico es que solo si nos cuidamos, si descansamos, podremos estar en condiciones de rendir y ser productivos. 

Ser amables con nosotros mismos, ser conscientes de nuestras necesidades de descanso y desconexión y buscar la forma de satisfacerlas es una pieza más de nuestro compromiso como profesionales, una condición necesaria para poder estar realmente ofreciendo nuestra mejor versión.

De ahí que ésta sea la propuesta de hoy: 

  • Dedica unos minutos a conectar con tu cuerpo y evaluar cómo te encuentras realmente. Valora tu estado físico (dolores, tensiones), anímico (emociones) y energético (cansancio, estrés).
  • Una vez que sepas cómo estás, analiza qué necesitas para recuperar tu nivel óptimo. Por supuesto, a todos nos vendría fenomenal unas vacaciones en Rivera Maya, pero no va de esto. Se trata de examinar tu rutina para detectar prácticas actuales que estén repercutiendo negativamente en tu estado y pensar en alternativas factibles que puedan contribuir a su mejora.
  • Diseña tu plan de autocuidado, incorporando aquellas medidas que estés dispuesto a llevar a cabo de forma responsable y sostenible en el tiempo: desde pequeñas pausas y descansos programados, a actividades de ocio y relajación que contribuyan a que recuperes tu equilibrio.
Cuídate mucho.

Related Articles