Tiempo para comer

Hubo un momento en mi vida en que las máquinas de vending formaban parte de mi paisaje cotidiano. De ellas procedía la comida que diariamente engullía sobre la mesa del despacho: sandwich mixto de jamón y queso, chorizo y queso los días más pecaminosos.  Afortunadamente, no siempre ha sido así: he ido alternando el menú del día (rey del aceite de palma), con homenajes gastronómicos de pesada digestión y almuerzos de tupperware en la cantina de la empresa. Sola o en compañía de otros, las diversas alternativas han tenido un punto en común: no prestar atención a la comida.

Seguro que Pedram Shojai me habría dado un buen tirón de orejas. Aún hoy, confieso que me costaría aprobar un test de cumplimiento de las directrices que engloba este capítulo. No obstante, creo que merece la pena conocerlas y buscar la forma de incorporarlas a nuestra vida en la medida de lo posible.

La primera reflexión que se nos traslada es la necesidad de parar antes de comenzar a comer, sobre todo si llegamos a la mesa acelerados: nuestro cuerpo, con el sistema simpático a tope, busca cargarse de energía para enfrentar la demanda que exige una situación de estrés. Por tanto, para evitar atiborrarnos, debemos parar y respirar unos segundos antes de lanzarnos sobre el plato, permitiendo que la respiración abdominal active nuestro sistema parasimpático, nos calme y evite que nos pongamos a comer de forma compulsiva.

La siguiente idea tiene que ver con ser consciente de lo que tenemos en el plato. ¿Qué ingredientes lo componen? ¿Cómo han llegado hasta aquí? Para que podamos disfrutar de estos espaguetis a la boloñesa, alguien plantó el trigo, alguien lo recolectó, alguien lo convirtió en harina, alguien llevó la harina a la fábrica donde alguien la usó para la masa que se moldeó con forma de espagueti….Me recuerda el juego infantil con los deditos (el del gordo regordote que se lo zampa todo) y aun así es un buen ejercicio para tomar consciencia de nuestra interdependencia: hay tanto que ha tenido que funcionar para que hayamos podido mezclar los espaguetis con la salsa boloñesa que cuando realmente nos hacemos consciente del esfuerzo colectivo y de los recursos invertidos, la admiración y el agradecimiento surgen de forma natural. 

Y llegamos al acto en sí de comer.  Pedram Shojai nos propone reservar un tiempo para disfrutar de la comida: masticando correctamente, saboreando, bebiendo agua, conectando con nuestro cuerpo para determinar cuándo hemos comido suficiente y evitar cebarnos…No se trata de comer a velocidad tortuga, sino de hacerlo poniendo toda nuestra atención en ello. De verdad que no se tarda mucho más, lo que es probable es que transcurra más tiempo hasta que volvamos a tener sensación de hambre. Como colofón, nos aconseja tomar un par de minutos tranquilos antes de levantarnos de la mesa, cuidando las transiciones entre tareas.

En definitiva, hoy la propuesta va de dejar de engullir y optar con disfrutar de todo lo extraordinario que tienen unos sencillos espaguetis a la boloñesa. ¡Buen provecho!

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