Tiempo para mirarnos a los ojos

Este fin de semana, en el programa de radio #Avivirquesondosdías, escuché a Juanjo Millás  contar que, a pesar de que hace años que comparte espacio con una bicicleta estática, llevaba tiempo sin reparar en ella. Sin embargo, el otro día, sus ojos la descubrieron como por casualidad y se dio cuenta de que le podría venir muy bien para hacer ejercicio ahora que no puede salir a pasear a la calle. A partir de aquí, Millás animaba a “descubrir lo evidente”, a volver a valorar todo aquello que nos rodea. En este “todo” incluía a las personas, “a las que a veces cosificamos” y damos por sentado que van a seguir estando allí, sin prestarles la debida atención o cuidado.

Sí, ahora que nos cerramos tras puertas y ventanas, tal vez sea un buen momento para volver nuestra mirada a lo cercano. Te propongo un experimento. La próxima vez que tengas la oportunidad de mantener una conversación cara a cara con alguien, detén lo que sea que estés haciendo y míralo a los ojos. Solo eso. Durante todo el tiempo de la conversación, mírala a los ojos y mantén tu atención en lo que esa persona te transmite. Que tu mirada sea serena y cálida, evita miradas demasiado fijas e inquisitivas. Y al acabar pregúntate: ¿cómo ha ido?,¿qué he notado?,¿cómo me he sentido? ¿me ha sido fácil mantener la mirada?, ¿he estado cómodo? ¿Y la otra persona?, ¿ha hecho algún comentario?, ¿de alguna forma me ha transmitido cómo se ha sentido durante la conversación?. Reflexiona sobre la experiencia y aprovecha  las ocasiones que se presenten para repetir este “experimento” y tomar nota mental sobre lo que vayas descubriendo. 

Pedram Shojai se pregunta en el capítulo de hoy por qué renunciamos a mirar a los ojos de la persona con la que conversamos, por qué hemos asumido como algo natural compaginar el hablar con hacer cualquier otra cosa. No es que no podamos hacerlo, somos bien capaces de mantener una conversación y  realizar cualquier tarea que no requiera utilizar la boca al mismo tiempo. La cuestión es si somos conscientes de lo que perdemos con ello. Como ya he mencionado en alguna ocasión anterior, al no mirar perdemos gran parte de los elementos no verbales de la comunicación.  Pero hay más. Al no mirar a los ojos, perdemos nuestro mejor medio de conexión con el mundo emocional del otro. No en vano los ojos se consideran el espejo del alma.

Por ello, te animo a que aproveches el confinamiento para entrenar tu mirada. Aunque pueda resultar extraño, a muchos de nosotros nos incomoda enormemente al principio sostener la mirada de otro durante apenas unos pocos minutos. Hemos perdido la costumbre de mirarnos y es una costumbre que merece la pena recuperar. Este entrenamiento tiene beneficios directos en tu capacidad de empatizar y conectar con los que te rodean en todos los ámbitos de tu vida.

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